miércoles, 16 de febrero de 2011

LA BÚSQUEDA DE LOS “NO LUGARES”


     Nos es imposible despegar un recuerdo del lugar donde se desenvuelve, e incluso en ocasiones se convierten en los verdaderos protagonistas.
El tiempo va soplando su viento con tanta fuerza que, de lo que era un cuadro detallado, nos quedan rostros borrosos y un instante ya casi inventado... sin embargo sabemos con certeza que todo transcurría en el cuarto escalón de un portal con los cristales opacos.
¿Por qué lo tenemos tan claro?

Realmente recordando el minuto pasado, temblando por el presente, y tramando el futuro, hemos dedicado horas mirando esos cristales, y conocemos a la perfección el tacto de ese cuarto escalón. Entonces, podríamos replantearnos, mutando la filosofía del lugar, que en realidad somos secundarios o vitales según para quién, cómo, cuándo y bajo un por qué.

Encontrar el “no lugar” social sin perseguir la búsqueda estándar, es decir, con la intención de personalizar y no igualar categorías, sin equilibrar los modos de comportamiento, afinando las diferencias y la amplitud geográfica y sin emplear la globalización como una media aritmética, individualizando cada lugar como lo que significa para cada sujeto.
Personalidad otorgada por momentos a sitios sin vida.

Apostando por la personalidad y situaciones, la influencia del espacio, del tránsito de cada sujeto.
Manteniendo la simbología personal, pero contando con el total anonimato de los sitios y espacios elegidos. Sin elementos determinantes del lugar.

Los puentes, parkings, clases, calles, se convierten en sitios despoblados o de paso, solo que en algún momento se inscribe la impronta humana, una absoluta patente que inconscientemente refleja el tránsito de los sujetos. ¿Realmente son zonas de paso? ¿Cuánto tiempo pasamos en una clases durante nuestra infancia? Y el trabajador de una banco, ¿pasa más tiempo metido en su oficina o en el salón de su casa?

La clasificación de los “no lugares” vuelve a ser personal, totalmente dependiente a la vida de cada uno, a la trayectoria personal.
¿Cómo saber que es el “no lugar” sin saber el caudal de experiencias e influencias, tendencias, estilos, o la ausencia de estos, que determinan la decisión de lo que es para cada uno un “no lugar”?

Los no lugares nos ven pasar distraídos, pero si se movieran un instante, lo notaríamos, y nuestro viaje perdería ese trato cómplice.
No lugares que, al ser un mero soporte o trampolín a un lugar realmente deseado, pierden el protagonismo.
Sin embargo al paso del tiempo, como el poso de una infusión mal filtrada, sentimos nostalgia mal ubicada, que en realidad aparece porque no es posible una meta sin un camino, y ese camino anónimo es el "no lugar".
Pide a gritos mérito que merece.
Cuando llegamos al sitio real, olvidamos el tránsito y que hemos llegado a ese fin de trayecto pasando por otros espacios apenas perceptibles, esos “no lugares”.

Esta “nueva objetividad”, es una renovación con sus características propias y sus vínculos desde la neutralidad del fotógrafo que muestra las simpatías del individuo cercano.

Geográficamente, éstos espacios son inlocalizables pero políticamente o socialmente son fáciles de emplazar.


Cuadro completo, piezas de un rompecabezas que buscan un todo, pero que sin una de esas partes, uno de esos no lugares, carece de sentido.

Los espacios escogidos serán, bajo la subjetividad personal, generados y construidos por la frialdad que sensorialmente percibimos ya que estos lugares parece que son construidos partiendo del desamar por las curvaturas y la pro-sensación de blando, admitiendo los objetos rectos, sin personalidad y ordenadas, solamente hay que imaginar cualquier lugar de paso en el que todo está medido y estipulado.

Tal vez, ésta apatía por las formas tan cuadriculadas transmitan la poca atracción y encontramos el significado del porqué los llamamos “no lugares”, quizá sea éste uno de los motivos justificados por el que damos esta denominación a espacios que son cotidianos.
Sin duda, son espacios de tránsito, pero hoy en día, siendo sinceros, ¿qué espacio no es un espacio de tránsito?

Basándome en mi experiencia personal, quizá más emprendedora referente a mi entorno particular, el lugar donde me encontré más estabilizada geográficamente fue durante mi infancia, lugar donde estuve mis primeros dieciséis años, y a partir de ahí, he volado sin tener sitio fijo más de dos años seguidos, no estuve fija en un sitio, sino que siendo un poco nómada me moví sin darme cuenta y sin tener un “hogar fijo”, ¿cuanto tiempo tienes que estar en un lugar para denominarlo “lugar” o “no lugar”?

Tal es la libertad de otorgar a algo inerte la vida o el valor que tú decidas, que se puede llegar a opositar lugares y no lugares. Es decir, lugares estipulados como auténticos y definitivos, según el contexto circunstancial, pueden resultarnos no lugares.

En mi punto de vista, esto va por etapas, en ámbito social y personal, cada individuo tiene su historia aunque realmente muchas se parezcan, cada uno vuelve a casa por un camino a pesar de volver todos por la misma vía.

Los “no lugares” siempre han existido, si bien, empiezan a efectuar una transformación hasta los propios lugares de la sobremodernidad.

Marc Augé describe concepto de no lugar diferenciándolo entre lugar y espacio, estableciendo el lugar, la condición de sitio y extendiéndolo para el espacio, también con la correspondencia de los habitantes y las acciones que suceden en él.

Los lugares antropológicos se defienden como un asentamiento histórico, político y social, bajo la concepción de la modernidad, los no lugares existen como consecuencia de las prácticas ocurriendo en lo que concretamos como “sobremodernidad.

Los no lugares propuestos son anónimos y puramente de tránsito y cauce, destinados a la comunicación (vías rápidas, estaciones, trenes, automóviles), un término que antes no se barajaba y que son efectivos a través de éste concepto: sobremodernidad.

Los lugares antropológicos, clásicos y más asentados para el individuo contrastan con los no lugares, que sin estipularlos negativamente, efectúan un cambio digno de ésta sobremodernidad. Son cambios rápidos a los que nos hemos acostumbrados a una velocidad cada vez más ascendente.

Se bipolarizan conceptos como lugar en quietud que a la vez es de tránsito.


Mª Teresa Torres Gallego

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